Estrenando el 2002, empezaba una nueva fase para mí, tenía 17, la vida no era fácil, frases repetidas como "cada uno baila con su pañuelo" o "hay que ganarselas...", eran de recurrente escuchar en mi familia, sabía que debía estudiar, pero a la vez recontra sabía que debía llevar plata a casa, un tío al que no veía mucho, casi no conocía, me propuso apoyarlo en la venta de llamese software back up, en Wilson Avenue, en la vida había vendido si quiera mi nombre, tuve unos pininos en el cole, pero eran nada, en comparación a lo que vino.
Mi recién estrenado primer trabajito, lo acompañaba con las clases de la PRE en la Av. Bolivia, del cual salía y en el camino me cruzaba con raros lugarcetes, cuyas narigonicimas, cuasis y pulposas anfitrionas me daban volantes que decían algo como,"entrada libre al presentar tu carnet de la PRE"... nunca se me ocurrió ingresar, las tantas veces clausurada "los botes", albergaba a chicos, quienes engañaban al papá, jugando a ser esforzados preuniversitarios, los recuerdo entrando con sus mochilas y con volantes en la mano.
Que la vida me oriente a ese tipo de experiencias es algo que agradezco inmensamente, salí de un cole católico, pero con el alma muy, pero muy rebelde, así que me sentí algo dizque preparada para lo que se venía, una ciudad nueva, casa nueva, rutas largas, nuevos compañeros, gente de wilson, quienes eran, de todos los lejísimos rincones de Lima, lugares que hasta hoy no conosco, la interacción con ellos era especial, unos trabajaban por necesidad, otros porque había embarazado a su chica, uno por vago, ya que había abandonado los estudios, otro por su fuerte adicción a la pasta, algunos que había elegido ese medio para vivir, en fin los casos son muchos.
En ese entonces las conversaciones eran de todo tipo, estaba fresca la huída del chino, Toledo recién entraba, era una sociedad resentida, negativa, hecha solo para el trabajo, sus actos y palabras eran en doble sentido, mandados a más no poder, donde el fuerte sobrevivía y el vivo, se aprovechaba del monse, muy envidiado era aquel que percibía 200 semanal, muchas veces pensaba cuando será el día que gane esa cantidad para darle a mi mamá, io solo ganaba 80 y los cuidaba mucho, si pues, los necesitabamos.
Dentro de toda esa jauría, mi único anhelo era que llegue sábado, cobrar e irme a casa a llevarme la super ganancia a mamá, abrazarla fuerte y aprovechar el único día que ella salía del trabajo, las pocas 12 horas que podíamos conversar, hacíamos muchas cosas, la entendía, ella tampoco tenía opciones a elegir, así era su chamba, le prometí que saldríamos de todo eso y que nuestros días mejorarían, recordé esto porque ayer pase por Wilson, y me cuestioné como pudo cambiar tanto mi vida en semanas, casi todos los días me iba caminando hasta la plaza San Martín solo para mirar, me cruzaba con cada especimén, pero nunca me paso nada.
Hubieron intervenciones, robos de productos, cabesazos, trafas, huelgas CGTP, paros, menú del día, peleas, reclamos, piropos, deudas, jaladores, la otra, el ex, los cuadres, las uñas largas, heladeros, la chanfainita, la cancha, el ceviche, los anticuchos, caseros, caseras, caseritos, nuevos amigos, futuros miembros de la family y extrañas oportunidades, todos los días dormía muy cansada, no había metropolitano, ni líneas directas, solo la eterna y naranja Collique, era la encargada de regresar a casa a personas, cuyas energías decansaban en las 2 horas que duraba el viaje de regreso.
PS: el video es porque eso escuchaban los chicos que trabajaban conmigo. Click.